Contacto

Pagina de interes: www.arnaldo.eu

El 2 de mayo de 1972 firmó un contrato de pintura con Agustín Rodríguez Sahagún. Lo hizo por cuatro años aunque el último no se llevó los cuadros por incumplimiento, por parte del marchante, de dicho contrato. Tenía que haber publicado un libro en la colección “Maestros de la Pintura Contemporánea” en su editorial Ibérico Europea de Ediciones, y no lo hizo. Sin embargo, el texto del libro escrito por Raúl Chavarri, lo posee el pintor.

Este marchante comenzó a llevar los cuadros de Díaz-Castilla a diversas salas de subastas de arte, en principio, de Madrid, (después a otros lugares).

Dicho esto, Díaz-Castilla quiere dejar claro que los cuadros subastados desde 1972 hasta hoy en estas salas, pertenecieron, principalmente, a su marchante y a sus herederos. Son los cuadros que pintó entre los años 1963 a 1974 (que fueron los que su marchante le compró). El resto de los cuadros de esa época que no se llevó el marchante, están en poder del pintor.

Díaz-Castilla nunca quiso saber nada de los cuadros que se subastaron ni cobró nunca lo que le correspondía, según está estipulado en la ley de propiedad intelectual. Él lo único que quiso siempre es que vendieran todos los cuadros que tenían en su poder para quitarse de encima la valoración inicial con la que salían en las diversas subastas de Madrid.

Cuando terminó el contrato comenzó otra etapa en su vida y su pintura fue otra y tomó unas dimensiones distintas.

Díaz-Castilla nunca llevó ningún cuadro para ser subastado.

Los cuadros pintados desde 1975 en que terminó su contrato hasta ahora, son conocidos por aquellos que hayan seguido sus exposiciones. Estos cuadros nuevos nunca han aparecido en ninguna subasta. Por tanto, aquel que no haya seguido a Díaz-Castilla y solo se haya fijado en los cuadros de subastas desconoce a este pintor y ha perdido 36 años del proceso creador y del conocimiento de la obra pictórica de este artista. Igualmente sucede con los precios de sus cuadros. El mercado de su obra ha sido siempre ficticio, y los precios los han puesto, arbitrariamente, aquellos que han manejado su primera obra. No se han dado cuenta que esta obra era la primera y, han seguido pensando, equivocadamente, que esa era la obra definitiva de Díaz-Castilla, cuando, en realidad, estaban olvidando los años más importantes de su trabajo. Se supone que un artista como él, no se quedó en los balbuceos de sus primeros años. Éstos fueron parte de los cuadros que su marchante se llevó. Aquellos que conocieron la obra nueva de este pintor lo saben muy bien.